domingo, 8 de julio de 2012

Ganó la corrupción, perdió México

El 1° de julio de 2012 quedará marcado en la historia de México. La mayoría de la ciudadanía esperaba con ansias este día para iniciar el cambio que necesita nuestro país. Dicho momento jamás llegó.

Domingo por la mañana. Mi padre me despertó temprano, aproximadamente a las nueve en punto. Sin objeción alguna me levante de la cama. Había despertado con gran entusiasmo, pues sabía que por primera vez iba a participar en unas elecciones presidenciales. Me di un baño lo más rápido posible, me arreglé y salí con mis padres. Vestí con una playera de AMLO que un amigo me había regalado. Entré a la casilla y ahí me encontré con un viejo camarada que laboraba como funcionario de casilla. -¡Esta vez sí ganamos!- le dije mientras sujetaba mi playera del PRD. Se rio conmigo, me revisó los pulgares y me entregó mis boletas para ejercer mi voto. Al entrar a la casilla solo pensé en lo que era mejor para el país, para mis padres y para mí. Había llegado la hora de cumplir con la obligación de materializar mis ideales, y así lo hice. Ya marcadas mis boletas, salí y las deposité en las urnas correspondientes. Me sentí satisfecho con lo realizado. Pensaba que mi voto era de gran ayuda para darle inicio al cambio de México.

Me fui a desayunar con mis padres. Una típica barbacoa dominguera me ayudaría a despejar mis ideas que ya estaban saturadas de política. Regresé a casa y en lo único que pensaba era en el asunto de las votaciones, así que me dediqué a monitorear todas las noticias publicadas en Internet. Personas que compraban votos, casillas especiales con pocas boletas para votar, un par de casillas que no fueron abiertas por asuntos de violencia y el asesinato de el representante de Morena en Nuevo León eran solo algunas de las publicaciones que se podían leer en Twitter o Facebook. Estas noticias poco a poco iban desmotivando mi ímpetu de que se evitaría otro fraude electoral. Para relajarme un poco, continué esperando la hora en que se cerrarían las casillas. No logré hacerlo, pues mis nervios se iban acrecentando. Pensaba en tanta gente que ignoraba las intenciones del viejo partido por recuperar el poder, mismo que una falsa esperanza de cambio les arrebató doce años atrás. Me imaginaba a toda la comunidad que había sido comprada con miserables 500 pesos, con despensas, artículos innecesarios y con falsas esperanzas de mejorar un entorno que no ha sido favorable para la gran mayoría del país. Sin duda, sentía que la gente informada era minoría en comparación de toda esta gente comprada. No me equivoqué.

Decidí distraerme un poco y comencé a ver mi película favorita, La guerra de los mundos. En punto de las 11:15 pm fue interrumpida. Un mensaje en cadena nacional anunciaría al candidato con mayor cantidad de votos según el conteo rápido. Se anunció a Enrique Peña Nieto con una ventaja de 11 por ciento por encima de su principal competidor, Andrés Manuel López Obrador. Posterior a la noticia, sentí que la batalla que había sostenido la comunidad consciente en contra de los turbios intereses de la mafia priísta estaba perdida.


Mi impotencia y coraje no es en contra del IFE, de EPN, del PRI, de Televisa, de Tv Azteca o de los medios de comunicación que han sido callados por unos cuantos pesos. Mi descontento es con toda esa gente que volvió a creer en el viejo gobierno que ha sometido a mi bello México. Solo espero que los próximos seis años no sean de total desolación. Aunque sinceramente, pienso que es nula esta posibilidad.

No hubo fraude en las votaciones. Hubo corrupción y parcialidad desde el inicio de las campañas electorales.

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