El 1° de julio de 2012 quedará marcado en la historia de México. La mayoría de la ciudadanía esperaba con ansias este día para iniciar el cambio que necesita nuestro país. Dicho momento jamás llegó.
Domingo por la mañana. Mi padre me despertó temprano, aproximadamente a las nueve en punto. Sin objeción alguna me levante de la cama. Había despertado con gran entusiasmo, pues sabía que por primera vez iba a participar en unas elecciones presidenciales. Me di un baño lo más rápido posible, me arreglé y salí con mis padres. Vestí con una playera de AMLO que un amigo me había regalado. Entré a la casilla y ahí me encontré con un viejo camarada que laboraba como funcionario de casilla. -¡Esta vez sí ganamos!- le dije mientras sujetaba mi playera del PRD. Se rio conmigo, me revisó los pulgares y me entregó mis boletas para ejercer mi voto. Al entrar a la casilla solo pensé en lo que era mejor para el país, para mis padres y para mí. Había llegado la hora de cumplir con la obligación de materializar mis ideales, y así lo hice. Ya marcadas mis boletas, salí y las deposité en las urnas correspondientes. Me sentí satisfecho con lo realizado. Pensaba que mi voto era de gran ayuda para darle inicio al cambio de México.
Me fui a desayunar con mis padres. Una típica barbacoa dominguera me ayudaría a despejar mis ideas que ya estaban saturadas de política. Regresé a casa y en lo único que pensaba era en el asunto de las votaciones, así que me dediqué a monitorear todas las noticias publicadas en Internet. Personas que compraban votos, casillas especiales con pocas boletas para votar, un par de casillas que no fueron abiertas por asuntos de violencia y el asesinato de el representante de Morena en Nuevo León eran solo algunas de las publicaciones que se podían leer en Twitter o Facebook. Estas noticias poco a poco iban desmotivando mi ímpetu de que se evitaría otro fraude electoral. Para relajarme un poco, continué esperando la hora en que se cerrarían las casillas. No logré hacerlo, pues mis nervios se iban acrecentando. Pensaba en tanta gente que ignoraba las intenciones del viejo partido por recuperar el poder, mismo que una falsa esperanza de cambio les arrebató doce años atrás. Me imaginaba a toda la comunidad que había sido comprada con miserables 500 pesos, con despensas, artículos innecesarios y con falsas esperanzas de mejorar un entorno que no ha sido favorable para la gran mayoría del país. Sin duda, sentía que la gente informada era minoría en comparación de toda esta gente comprada. No me equivoqué.
Decidí distraerme un poco y comencé a ver mi película favorita, La guerra de los mundos. En punto de las 11:15 pm fue interrumpida. Un mensaje en cadena nacional anunciaría al candidato con mayor cantidad de votos según el conteo rápido. Se anunció a Enrique Peña Nieto con una ventaja de 11 por ciento por encima de su principal competidor, Andrés Manuel López Obrador. Posterior a la noticia, sentí que la batalla que había sostenido la comunidad consciente en contra de los turbios intereses de la mafia priísta estaba perdida.
Mi impotencia y coraje no es en contra del IFE, de EPN, del PRI, de Televisa, de Tv Azteca o de los medios de comunicación que han sido callados por unos cuantos pesos. Mi descontento es con toda esa gente que volvió a creer en el viejo gobierno que ha sometido a mi bello México. Solo espero que los próximos seis años no sean de total desolación. Aunque sinceramente, pienso que es nula esta posibilidad.
No hubo fraude en las votaciones. Hubo corrupción y parcialidad desde el inicio de las campañas electorales.
Este blog forma parte del proyecto Candidatos y Elecciones: Visiones Compartidas, y figura dentro de la materia Redacción Universitaria de la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco, Departamento de Humanidades, División de Ciencias Sociales y Humanidades.
domingo, 8 de julio de 2012
domingo, 1 de julio de 2012
Primero de julio
Desde el domingo 20 de mayo los estudiantes de recién ingreso a la UAM-Azcapotzalco iniciamos un proyecto en nuestra clase de Redacción Universitaria, una serie de blogs donde podríamos expresar nuestras ideas acerca del rumbo que han tenido las elecciones presidenciales en nuestro país. Es claro que el objetivo de este ejercicio era el de fortalecer nuestra forma de expresarnos a través de un escrito. Yo aprendí más que eso.
He de confesar que al inicio de las campañas pensaba votar por Enrique Peña Nieto, después decidí anular mi voto o abstenerme de este derecho. Terminé decidiéndome por Andrés Manuel López Obrador, y a continuación explicaré el porque de estas situaciones.
Cuando Enrique Peña Nieto se postuló para ser gobernador del Estado de México, yo cursaba el segundo año de secundaria. Sin duda, mi nivel de interés por estos asuntos era casi nulo. Por aquellos tiempos se escuchaba en todos lados que EPN era el rejuvenecer del PRI, argumento que muchas personas creyeron y, debido a esto, lo apoyaron para que ganara dichas elecciones.
Yo siempre he pensado que antes de juzgar algo sin conocerlo, primero debes hacer la prueba, y en este caso, el señor Peña estaba expuesto a dicha situación, Transcurrió el tiempo y ya todos conocemos su historia como gobernador... Primer lugar en feminicidios, primer lugar en aumento de pobreza, primer lugar en aumento de actos delictivos, etc. Debido a que yo vivo en el D.F., jamás estuve informado de dichas situaciones. Conforme pasaba el tiempo yo recordaba lo que se mencionaba de él antes de ser gobernador, y crecí con la idea de que era una persona apta para manejar el poder de la mejor manera. Por lo tanto, al inicio de esta campaña mi apoyo era para él. Pero mi acercamiento con gente informada, mi acceso a Internet y los rumores que personas cercanas a mí iban confirmando, hicieron que declinara mi idea de que EPN sería un buen presidente para mi país.
Con la gran desmotivación que sentí, mi idea fue la de abstenerme de votar. Tenía una pésima idea de EPN, a Josefina Vázquez Mota ni siquiera la contemplaba, de antemano sé que México aún no esta listo para ser gobernado por una mujer, y sumándole que como diputada y secretaria de educación no tuvó relevancia alguna, la ignoraba como candidata. Comenté con mis amigos sobre esta decisión que había tomado y ellos fueron quienes terminaron convenciéndome de que no ser parte de esta participación ciudadana no era la mejor opción.
Mi última opción era López Obrador. Sí, aquel que hace 6 años había hecho sus plantones en reforma por haber sufrido fraude en sus elecciones. Sinceramente tenia la idea de que él solo aspiraba a ser un dictador en nuestro país, pensaba que sus delirios de grandeza lo convertían en un personaje intrascendente en la historia de México, pero al informarme, resultó que no fue así.
Ahora solo queda esperar los resultados de estas elecciones, ojalá que gane México.
He de confesar que al inicio de las campañas pensaba votar por Enrique Peña Nieto, después decidí anular mi voto o abstenerme de este derecho. Terminé decidiéndome por Andrés Manuel López Obrador, y a continuación explicaré el porque de estas situaciones.
Cuando Enrique Peña Nieto se postuló para ser gobernador del Estado de México, yo cursaba el segundo año de secundaria. Sin duda, mi nivel de interés por estos asuntos era casi nulo. Por aquellos tiempos se escuchaba en todos lados que EPN era el rejuvenecer del PRI, argumento que muchas personas creyeron y, debido a esto, lo apoyaron para que ganara dichas elecciones.
Yo siempre he pensado que antes de juzgar algo sin conocerlo, primero debes hacer la prueba, y en este caso, el señor Peña estaba expuesto a dicha situación, Transcurrió el tiempo y ya todos conocemos su historia como gobernador... Primer lugar en feminicidios, primer lugar en aumento de pobreza, primer lugar en aumento de actos delictivos, etc. Debido a que yo vivo en el D.F., jamás estuve informado de dichas situaciones. Conforme pasaba el tiempo yo recordaba lo que se mencionaba de él antes de ser gobernador, y crecí con la idea de que era una persona apta para manejar el poder de la mejor manera. Por lo tanto, al inicio de esta campaña mi apoyo era para él. Pero mi acercamiento con gente informada, mi acceso a Internet y los rumores que personas cercanas a mí iban confirmando, hicieron que declinara mi idea de que EPN sería un buen presidente para mi país.
Con la gran desmotivación que sentí, mi idea fue la de abstenerme de votar. Tenía una pésima idea de EPN, a Josefina Vázquez Mota ni siquiera la contemplaba, de antemano sé que México aún no esta listo para ser gobernado por una mujer, y sumándole que como diputada y secretaria de educación no tuvó relevancia alguna, la ignoraba como candidata. Comenté con mis amigos sobre esta decisión que había tomado y ellos fueron quienes terminaron convenciéndome de que no ser parte de esta participación ciudadana no era la mejor opción.
Mi última opción era López Obrador. Sí, aquel que hace 6 años había hecho sus plantones en reforma por haber sufrido fraude en sus elecciones. Sinceramente tenia la idea de que él solo aspiraba a ser un dictador en nuestro país, pensaba que sus delirios de grandeza lo convertían en un personaje intrascendente en la historia de México, pero al informarme, resultó que no fue así.
Ahora solo queda esperar los resultados de estas elecciones, ojalá que gane México.
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